Hackear al patriarcado: el ciberactivismo feminista y la lucha contra la violencia hacia las mujeres

Texto: Aranza Bustamante y Carolina Argueta

Imagen: Aranza Bustamante

El pasado 8 de marzo de 2021 diversas colectivas feministas convocaron a la realización de protestas virtuales en reclamo de justicia por la violencia que viven las mujeres. A pesar de que la mayoría fueron organizadas de manera virtual debido a la pandemia que se vive en México, este tipo de movilizaciones llevan años dándose y cada día adquieren más fuerza.

Son las siete de la mañana y comienza la transmisión en Facebook. De pronto el chat se llena de hashtags de usuarias que denuncian la violencia que viven las mujeres. #NiUnaMás, #VivasNosQueremos y #NoSoyUnBotDelPartido son algunos de los mensajes que pueden leerse a lo largo de la pantalla. Muchos de ellos vienen acompañados de corazones morados y verdes, que simbolizan la lucha feminista y la despenalización del aborto, respectivamente. De fondo, en el video, se ve al presidente Andrés Manuel López Obrador impartiendo su conferencia mañanera. 

Esta movilización virtual tuvo lugar el pasado 8 de marzo y fue organizada en días previos por diversas colectivas feministas. En 2020 se reunieron más de 80 mil mujeres en el centro de la Ciudad de México, pero este año muchas de ellas decidieron quedarse en casa debido a la emergencia sanitaria que se vive en el país: para ellas la lucha sigue porque, al igual que la pandemia, la violencia machista no se detiene.

“Está la pandemia de Covid-19, pero está también la pandemia del machismo, del patriarcado. Entendemos a la banda que quiere salir, y agradecemos infinitamente que estén poniendo la cuerpa por nosotras”, dice en entrevista Marilin Martínez, integrante de la colectiva Cámara Violeta.

Los espacios virtuales han permitido a las colectivas y activistas feministas tejer redes a pesar de la distancia. Pero las movilizaciones virtuales y los vínculos que crean digitalmente, no son algo nuevo. Desde 2016 este tipo de protestas han adquirido una mayor fuerza. #MiPrimerAcoso, #MeToo, #AbortoLegalYa, #NoNosCuidanNosViolan, #NiUnaMás y #NiUnaMenos son algunos de los hashtags que las mujeres han creado a lo largo de los años para denunciar los abusos y las violencias que viven diariamente.

La lucha feminista cobra fuerza en el espacio digital

En abril de 2016 cientos de mujeres utilizaron en Twitter el hashtag #MiPrimerAcoso para narrar la primera vez que vivieron abuso sexual. Tres años después, en la misma red social, explotó #MeToo, el cual señaló a decenas de varones pertenecientes a diversos gremios, por tener conductas que iban desde machismos cotidianos hasta casos de violación e intentos de feminicidio.

De esta forma, Twitter se convirtió en un espacio utilizado para enunciar, facilitar la discusión pública y recuperar las experiencias de las usuarias. Luz María Garay Cruz, profesora e investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional, explica que este tipo de acciones forman parte de algo a lo que se le denomina activismo digital o ciberactivismo:

“El activismo digital tiene que ver con las acciones que pueden ser organizadas de manera colectiva por grupos que existen en los entornos físicos: colectivos de mujeres, de comunidades indígenas, de personas de diversidad sexual, etcétera, que actúan en los entornos digitales y que generan acciones como compartir información, convocar a marchas, a mítines, o hacer transmisiones en vivo de ciertas actividades que se desarrollan de manera organizada”.

María Benítez Demtschenko, abogada y especialista en Derecho Informático en Argentina, y presidenta de la Fundación Feminista Activismo Digital, afirma que es necesario hacer una diferenciación entre el activismo digital y ciberfeminismo: 

“El ciberfeminismo promueve el reconocimiento de la desigualdad estructural que está planteada en contra del sector poblacional de las mujeres, excluyéndolas o dejándolas rezagadas en la era de la información (…) Reconoce que el desarrollo de las TIC tienen sesgos sexistas que nos vuelven a colocar en esta situación de desigualdad”.

En ese sentido, la especialista precisa que el activismo digital se asocia más con la reproducción en el espacio digital de los postulados de la lucha feminista tradicional histórica en el uso de los recursos tecnodigitales a dispocisión, pero no deja de ser un formato de difusión de ideas, pautas y sensibilizaciones o conscientización que logra el feminismo tradicional: 

“El activismo digital es el medio y el ciberfeminismo es el objetivo. El objetivo es trastocar para que se conviertan en inclusivos y dejen de reproducir los patrones de desigualdad patriarcales”.

Hasta ahora, #MiPrimerAcoso y #MeToo son hashtags que siguen siendo utilizados por las internautas para nombrar la violencia. Con el paso del tiempo han surgido más narrativas, e incluso, a raíz de su creación, feministas han creado perfiles destinados a hacer públicas las denuncias de mujeres que fueron agredidas; sin embargo, Benitez explica que el movimiento feminista en Latinoamérica recién está construyendo bases mucho más sólidas y firmes (en estos entornos).

El año 2018 estuvo marcado por la visibilización de nuevos hashtags: #AbortoLegalYa, #SeráLey y #PañuelazoInternacional, por mencionar algunos, surgieron durante el contexto de despenalización del aborto en Argentina. A pesar de que sus inicios fueron en otro país, rápidamente se vincularon a #NiUnaMenos —narrativa virtual muy utilizada México—, con la idea de denunciar que, ante la negación de abortos legales y seguros, la prevalencia de la clandestinidad trae como consecuencia la muerte de miles de mujeres y niñas. 

Garay sostiene que una de las características del activismo digital es que puede articular rápidamente acciones colectivas en las que se suma la voz de mujeres de distintas partes del mundo: “Me parece que el #MeToo es uno de los mejores ejemplos, pero tenemos otros. #AbortoLegalYa surgió cuando se da la movilización física de las mujeres en Argentina (…) Se genera un activismo en el entorno digital porque no todas podían estar ahí físicamente, y se une la voz de muchas mujeres en el mundo apoyando a las argentinas en ese momento”.

Con la pandemia este tipo de movilizaciones adquirieron mayor fuerza, pues para muchas los medios digitales se convirtieron en su única vía de enunciación. Las mujeres han aprendido a organizarse de esta manera y, a través del uso de las herramientas digitales, visibilizan la violencia, los problemas, y dan seguimiento al discurso que articulan en las calles:

“Las mujeres organizadas que están con la lucha feminista han encontrado un espacio bien importante aquí, no sólo para contrarrestar la violencia y visibilizar problemas, sino para apropiarse también de los entornos de internet”, dice Garay.

Un 8M distinto

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la ola violeta alcanzó varios de los rincones de la internet. La movilización hecha durante la mañanera del Presidente no fue la única que se organizó. A través de imágenes, texto, video, música e intervenciones virtuales a monumentos y espacios públicos, las mujeres alzaron la voz e hicieron saber su hartazgo. 

Facebook se llenó de selfies de chicas con marcos, filtros de color morado y pancartas que les hubiera gustado llevar a las marchas presenciales. En los grupos de distintas facultades y escuelas comenzaron a circular imágenes que hacían referencia al movimiento feminista: “Para que pongan en sus clases virtuales”, agregaban quienes las compartían.

Por su parte, Twitter se llenó de varios hashtags que se utilizaron para generar narrativas en las cuales las mujeres retomaron reflexiones en torno a sus experiencias de violencia, pero además, en ellos, los medios de comunicación masivos y las reporteras incluían fotografías de las protestas que se organizaron presencialmente. Asimismo, varias colectivas difundieron convocatorias de actividades virtuales. #8M2021 y #DiaInternacionalDeLaMujer fueron algunos de los hashtags más utilizados.

Medios feministas y artistas compartieron carteles y pancartas. Giselle Dessavre fue una de ellas. A través de  su cuenta de Instagram, publicó algunos links de descarga para que sus seguidoras se apropiaran de sus collages: “Siembra cosecha, rebeldía y libertad”, “Defender la alegría y organizar la rabia” y “En pie de lucha porque vivas nos queremos” son algunos enunciados que contenía su arte.

Otros espacios virtuales también se pintaron de violeta. Uno de ellos fue el videojuego de simulación social Animal Crossing. En él, un grupo de jugadoras construyó un entorno lleno de consignas y carteles para quien deseara unirse, así lo dio a conocer la colectiva Mujeres de la Sal.

La colectiva Aquelarre Cihuacóatl difundió en Facebook imágenes con pintas virtuales hechas en edificios de Hidalgo, Pachuca. Entre los monumentos intervenidos destacan el Cristo Rey, el Teatro Bartolomé Medina, la Iglesia del Real del Monte y el Monumento a la Revolución. “Hoy se recuerda toda esa violencia y opresión histórica que vivimos las mujeres”, manifestaron en su muro.

Por su parte, Feminonymus México informó a través de sus redes que lograron hackear la cuenta de Twitter del partido Morena, y aprovecharon para dejar un mensaje dirigido al Presidente de México: se trata de video con imágenes y una voz de fondo que asegura tener información de candidatos y funcionarios públicos que son acosadores, violadores y feminicidas. Su publicación fue borrada inmediatamente por los encargados de la cuenta.

La pandemia, las redes y el “acuerpamiento” digital

Colectiva Moradas y Cámara Violeta, organizaciones feministas originarias del Estado de México, compartieron en entrevista con Voces de quimeras cómo ha sido para ellas organizarse dentro del entorno virtual. Ambas reconocieron que los medios digitales han sido una vía que les han ayudado a construir redes de apoyo entre mujeres, sobre todo en el contexto pandémico que atraviesa el país.

Colectiva Moradas surgió en 2019 y está conformada por mujeres del Oriente del Estado de México (municipio de Nezahualcóyotl). Las fundadoras se dieron cuenta de que siempre asistían a marchas en la Ciudad de México, por ello, comenzaron a cuestionarse sobre lo que implicaba ser una mujer de la periferia y cuáles eran las violencias que enfrentaban —y enfrentan— como trabajadoras, estudiantas y madres. 

Aunque antes de la pandemia sus acciones implicaban tomar las calles, a raíz de la emergencia sanitaria se han mantenido muy activas dentro del entorno digital. Tienen un grupo en Facebook al cual poco a poco se han ido sumando mujeres de Chimalhuacán, Chicoloapan, Ixtapaluca y otros municipios de la zona Oriente. 

“Nos hemos dado cuenta que es por aquí donde muchas mujeres se acercan a nosotras, nos escriben solicitando algún tipo de asistencia: jurídica, psicológica o un refugio. Mujeres que han sido violentadas nos escriben solicitando ayuda; mujeres en busca de acompañamiento amoroso para la interrupción de un embarazo. Nos llegan muchas denuncias de acosadores, violadores, y nos llegan también muchos boletines de búsqueda de mujeres desaparecidas”, explican Estrella y Ale, miembras de la colectiva. 

Para ellas, es importante difundir todas las denuncias que les llegan a sus plataformas, así como orientar a las mujeres que están en busca de algún tipo de ayuda, pues aseguran que los medios digitales son un canal de comunicación activo que debe aprovecharse. A pesar del auge de las redes, ellas no pierden de vista que muchas mujeres no tienen acceso a internet, por ello, no bajan la guardia e insisten en la importancia de hacer activismo y tomar las calles. 

Otra colectiva que existe y resiste en la periferia es Cámara Violeta, un espacio creado por mujeres originarias del Estado de México con el objetivo de que fotógrafas, comunicólogas, videastas, periodistas y escritoras puedan contar sus historias “desde sus entrañas”. Marilin Martínez, recalca la importancia de escribir fuera de los medios patriarcales: “Nos dañan con sus historias y no lo hacen para contar el por qué de la violencia, cómo pasaron las cosas, sino para ganar más audiencia”. 

Esta colectiva nace como un grito desde el arte y lo audiovisual para contar las historias desde la perspectiva de las mujeres. Uno de sus objetivos es ser un medio para que todas puedan escribir; un medio en el que las mismas sobrevivientes de violencia puedan narrar sus vivencias: “Las fotógrafas y reporteras somos un medio, pero las sobrevivientes también son capaces de contar sus historias”. 

Desde el discurso audiovisual, Cámara Violeta busca dar su propia versión de los hechos: desde las mujeres y para las mujeres. Al inicio, esta colectiva contaba historias de mujeres cercanas, pero al abrirse más el diálogo, les empezaron a llegar historias más fuertes: de feminicidio y desapariciones. “Aunque no quisiéramos contar esas historias, existen y estamos obligadas a contarlas (…) Pero Cámara Violeta es arte, sororidad, empatía, es compartirnos entre nosotras”. 

Ambas colectivas coinciden en que a pesar de la pandemia, se hace necesario salir a marchar y tomar el espacio público debido a la otra pandemia que nos amenaza desde hace años: la del machismo y el patriarcado. Ellas respaldan las movilizaciones que se hicieron el 8 de marzo en las calles; admiran y agradecen a las mujeres que decidieron salir. “Hay banda que dice: ‘me desaparecieron a mi hija, mataron a mi hermana, no me puedo quedar encerrada’”, explica Marilin.

Hay muchas mujeres que no pudieron salir a las calles a marchar, por eso, estas colectivas decidieron ser empáticas y organizar talleres virtuales. Por su parte, Colectiva Moradas planeó conversatorios en torno al tema de lo que implica ser una mujer de la periferia; éste formó parte de una jornada completa de actividades en torno al Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la cual fue organizada junto a otras colectivas del Oriente del Estado de México, y se están llevando a cabo todos los fines de semana de marzo.

Por otro lado, Cámara Violeta organizó charlas virtuales en colaboración con el Colectivo Luna, Matrioskas, Morras Chidas Rotulando, Unicornias Narrativas, Colectiva Moradas, Nos Queremos Vivas Neza, Red de Mujeres del Oriente que Luchan, Rudas de Chimalhuacán, entre otras. También impartieron talleres de autorretrato y fotografía creativa, ya que ellas luchan en contra de la violencia sistémica que viven las mujeres en el mundo del periodismo y las artes visuales:

“Todo el tiempo somos las que no sabemos, las aprendices, siempre estamos detrás de los fotógrafos (…) Ser mujer fotógrafa no es lo mismo que ser hombre fotógrafo, implica cosas diferentes”, afirma Marilin.

Principales retos de las movilizaciones virtuales 

Las movilizaciones virtuales organizadas por colectivas feministas no son exclusivas del 8 de marzo; la realidad es que las activistas accionan todos los días del año con talleres, conversatorios, mercaditas para vender sus propios productos, marchas en las que justicia por los feminicidios, acompañamientos a familias y más. “Las mujeres no solamente luchamos el 8 de marzo, el 25 noviembre o el 28 de septiembre, durante todo el año estamos trabajando”, aclaran las integrantes de Colectiva Moradas. 

Marilin Martínez reafirma el hecho de que pareciera que las feministas sólo realizan actividades en marzo, pero la realidad es que hay colectivas que llevan más de diez años luchando en contra de la violencia hacia las mujeres. Aunque el 8M es una oportunidad para que las protestas y consignas se mantengan visibles dentro de los medios masivos, uno de los principales retos es visibilizar que esta lucha es de todos los días. 

Las especialistas coinciden en que este tipo de movilizaciones son importantes en el contexto pandémico, ya que permiten que las feministas sigan luchando dentro del espacio digital. A pesar de ello, advierten que no hay que perder de vista que desarrollarse dentro de las plataformas implica afrontar distintos retos y violencias: ataques de odio, descalificación, acoso y persecución. Garay asegura que hay que fomentar una alfabetización digital y crear mecanismos de autodefensa para que las activistas puedan prevenir la violencia a través de internet. 

Benítez afirma que los principales retos del activismo digital y las movilizaciones, tienen que ver con la seguridad digital: saber cómo configurar nuestras redes, cómo hacer frente a los embates machistas y tener una posición empoderada digitalmente. Asimismo, insiste en que utilizar las plataformas virtuales a ciegas (sin conocer términos y condiciones) es el resultado de la inmediatez con la que funciona el mundo virtual, por eso, otro de los desafíos para las activistas, es indagar sobre seguridad informática y políticas de seguridad para poder protegerse digitalmente. 

Aprender sobre las narrativas colectivas virtuales y darles vida a hashtags creados en años pasados, es fundamental para hacer eco de las violencias que existen y que se viven. Sin embargo, Benítez y Garay explican que el primer objetivo que las mujeres deberían perseguir como movimiento, es lograr que cada vez sean más las mujeres que se apropien de la tecnología, y también, hacer conciencia de los riesgos y las ventajas que implican su uso. 

Ciberfeminismo: romper barreras y apropiarnos del espacio 

Luz María Garay asegura que la lucha del ciberfeminismo persigue la apropiación de la internet y de sus entornos: se trata de una apropiación tecnológica para romper la brecha de género, formar redes y alentar a mujeres y niñas a estudiar carreras relacionadas al desarrollo de tecnologías.

Es primordial incentivar a niñas y jóvenes a estudiar carreras científicas y tecnológicas, en primer lugar, porque dentro del sistema patriarcal en el que vivimos, se les ha inculcado a las mujeres la tecnofobia: el desánimo a utilizar las TIC bajo el argumento de que no son suficientemente inteligentes para el uso y desarrollo de herramientas tecnológicas. En segundo lugar, es fundamental romper barreras en este campo, ya que el gremio digital en el que vivimos actualmente, está dominado por hombres, dejando –una vez más– fuera de la jugada a las mujeres. 

El ciberfeminismo implica conocer los riesgos, beneficios y aprender a utilizar de manera adecuada las herramientas tecnodigitales que tenemos a la mano para cuidarnos dentro del espacio virtual. “Apropiarnos del espacio web implica mucho más que solo utilizarlo”, dice Benítez. Hay que aprender a cuidarnos dentro de este entorno en el que también existe violencia hacia las mujeres, y seguir descubriendo cómo aprovechar este espacio a nuestro favor. 

“La actividad de las mujeres en el entorno digital ha ganado un peso bien importante en los últimos años, y se está haciendo mucho de lo que las propias feministas refieren como hackear al propio sistema, es decir, cambiar las reglas del juego, cuestionar, atreverse a hacer otras cosas dentro de los entornos digitales, emplearlo para otros fines para los que no fue hecho y romper esas barreras que se han ido marcando históricamente para las mujeres en el terreno digital”, finaliza Garay.

Aunque el ciberfeminismo lucha por la apropiación de recursos tecnodigitales, hay que tener presente que aún existen brechas tecnoeconómicas: hay mujeres que no tienen acceso a internet o desconocen cómo utilizar estas herramientas. Por eso, hay que visibilizar y darle reconocimiento a todas las luchas y al activismo feminista que se hace tanto en lo físico como en lo virtual. 

Autor: Voces de quimeras

Voces de quimeras es una revista digital y un portal dedicado a crear contenidos en torno a temas relacionados con las mujeres y los espacios construidos por ellas.

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