Láurel Miranda: la periodista que lucha contra la transfobia

Texto: Jose Antonio Garcia y Yareth Arciniega

Fotos: @danchavezcc y cortesía

“El periodismo es una actividad que requiere tener mucha responsabilidad social, que tiene que hablar de los problemas de la gente, que tiene que buscar socializar esa información, dar un servicio de utilidad, de denuncias” — Láurel Miranda.

En el libro Los cínicos no sirven para este oficio, el periodista de guerra Ryszard Kapuscinski menciona que “el verdadero periodismo es intencional […] es aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio”. Estas palabras se reflejan en el trabajo de periodistas que a través de investigación, datos y un afán de servicio, buscan incidir en sus lectores. Tal es el caso de Láurel Miranda Huerta, una periodista transgénero. 

La trayectoria de Láurel —actual SEO Manager en Grupo Milenio— es muy amplia. Durante los ocho años que ha trabajado en la empresa, ha sido redactora, reportera, editora web y coordinadora editorial de las secciones de cultura, entretenimiento, tecnología, estilo, entre otras. 

De manera independiente, genera contenido en su canal de Youtube en el que habla sobre su transición con hormonas y sobre discursos de odio que, generalmente, tienen que ver con la transfobia, además, plantea reflexiones sobre el lenguaje inclusivo y las clases que da a las y los alumnos de la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. 

Aunque llegó al periodismo impulsada por el amor que sentía hacia uno de sus amigos, descubrió que esta labor no le era ajena. Disfrutaba todo lo relacionado a la profesión y poco a poco se fue encauzando mientras avanzaba en su transición y autoconocimiento hacia un objetivo claro: hacer periodismo con perspectiva de género y contra los discursos transfóbicos. 

Pero el camino para llegar a ese punto fue turbulento. Su vida se convirtió en una montaña rusa en la que cada vuelta o movimiento brusco sacudía su accionar. El autoconocimiento, el feminismo, el apoyo de su madre y su hermano, el cariño de su sobrino y la relación con su padre la han marcado de forma evidente. Para hablar de Láurel Miranda y saber por qué está tan comprometida con su profesión, se tiene que conocer su historia. 

Detrás de la pluma

Según la propia periodista, el nombre Láurel significa victoria y empoderamiento. Lo conoció gracias al personaje interpretaba Karla Souza en la serie How to Get Away with Murder. Ese sería el que elegiría para su transición y con el que sería reconocida en el mundo de los medios de comunicación. 

Miranda tiene otro significado: fue resultado de la decisión de hacer partícipe a su familia en su proceso de transición con una dinámica en la que su madre y su hermano propusieron diez nombres y ella eligió el que más le gustó. Fue así, como se conformo Láurel Miranda.

Ser una persona multidisciplinaria y feliz se han vuelto las dos máximas para tomar decisiones y disfrutar “el momento”. Sin embargo, no siempre fue así. Antes de que Láurel comenzará a disfrutar los momentos simples y la tranquilidad, creía que debía escribir un libro o un gran reportaje, además, era menos optimista sobre cómo reaccionaría su familia ante su transición.

Su personalidad introvertida se desarrolló debido a la sobreprotección de sus padres. Al ser la primera hija de un matrimonio joven, no era muy común que saliera a jugar o que conviviera con otras niñas y niños. Poco a poco, fue alejándose de los demás.

El refugio de Láurel era la escuela. Ella se describe como una estudiante  “matada” durante los años de primaria y secundaria. Era su forma de encerrarse en su “pequeño mundo”, como lo llama, y de distraerse de todas las situaciones que sucedían en el plano familiar.

“Hay una experiencia que recuerdo muy bien y es que cuando entré a la primaria hice un grupo de amigas y cuando iba saliendo de la escuela mi papá me regañó muchísimo, me dijo que no podía tener amigas, que debía tener amigos”.

La relación con su padre fue complicada en esos años. Los fines de semana la familia debía acompañarlo al campo de fútbol desde las siete de la mañana hasta las siete de la noche de manera rutinaria. A Láurel no le gustaba y le incomodaba tener que convivir con su papá, ya que con frecuencia solía llegar a casa en estado de embriaguez.

La época de la secundaria fue difícil. Los roces entre la familia y su papá provocaron que su mamá la llevara a ella y a su hermano menor a la casa de otros familiares en repetidas ocasiones. La periodista describe ese momento como la etapa en la que parecían nómadas y no tenían una casa fija. Fue en este instante en el que su carácter se empezó a formar.

El mundo de los medios

Láurel quería ser escritora, pero según los tests de aptitudes en los que participaba, la carrera que debía estudiar era Contabilidad o Administración, ya que era muy buena con los números. En el fondo tenía la inquietud de cursar Letras a pesar de que “se fuera a morir de hambre”, como solían decirle los demás.

Entró a la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UNAM en el 2007 y se decepcionó porque no veía los contenidos que esperaba. Al mirar hacia sus compañeras y compañeros de otras carreras observaba la especificidad de sus conocimientos y sentía que ella sólo abordaba “una pasadita de todo”.

Para Láurel fue complicado entrar al mundo de los medios. Después de concluir la licenciatura, estuvo poco más de seis meses en El Universal. Posteriormente, tomó lo que ella llama unos años de “break” en los cuales  trabajó en un Starbucks. No sabía qué puertas tocar o en dónde empezar a trabajar y se arrepentía de no haber comenzado desde que estaba cursando la carrera.

Mientras trabajaba en la cafetería se enteró de que Milenio estaba solicitando becarios, por lo que decidió aplicar para entrar y la contrataron. Después de varios meses que consistían en seguir una rutina que incluía ambos trabajos —en Milenio y en la cafetería—, tuvo la oportunidad de quedarse como redactora; poco a poco la periodista hasta llegar al punto en donde se encuentra ahora. Actualmente tiene ocho años de trayectoria y le ha encontrado un sentido más profundo a su trabajo: usarlo para posicionarse en contra de la transfobia y los discursos de odio.

Periodismo encausado

El feminismo no ha pasado desapercibido en su vida. Láurel cuenta que empezar a leer teoría feminista marcó un antes y un después en su vida. No sólo le mostró una nueva forma de ver el mundo, sino que le ayudó a reconocerse y a comprender a las y los demás. Poco a poco su pensar fue transformándose. 

“Cuando yo me leía o cuando yo me entendía cómo un hombre gay, era una persona sumamente conservadora: criticaba la marcha del orgullo gay, pensaba que era un desfile en el que las personas iban a exhibirse. No me parecía que tuviera sentido”, recuerda.

Poco a poco el feminismo le fue brindando herramientas que empezó a aplicar en el terreno del periodismo. En ese tiempo seguía dentro de la fuente de espectáculos y comenzó a escribir sin estigmatizar, sin revictimizar y sin reforzar estereotipos. El siguiente paso fue ofrecer lo que llama “lugares de ayuda” para las mujeres. 

Actualmente, en su columna de opinión y en los videos de su canal de Youtube, aborda temas relacionados a los discursos de odio, el lenguaje inclusivo y el tratamiento de hormonas al que se está sometiendo para realizar su transición; ella utiliza el alcance de su trabajo periodístico para erradicar los discursos de odio en contra de las personas trans. Esta práctica —que también es un posicionamiento político— es algo que deseaba hacer desde hace mucho tiempo, pero decidió esperar hasta su transición de género para poder firmar con su nombre actual.

Láurel piensa que los medios de comunicación deben posicionarse en contra de los discursos de odio. Y no solamente los medios, sino que todos los ámbitos deben de estar atravesados por la perspectiva de género para construir un mejor ejercicio profesional y cotidiano. 

La transición de género

La pandemia provocada por el Covid-19 fue un llamado de atención para muchas personas, incluida Láurel. La vulnerabilidad y la incertidumbre se convirtieron en motores que la impulsaron a iniciar un proceso del que tuvo consciencia hasta 2016.

Láurel recuerda que quería empezar a socializar como mujer desde los ocho años, pero no sabía cómo expresarlo. Después de tener contacto con temas de feminismo decidió que había llegado la hora de autoreconocerse como mujer transgénero.

Cuenta que a lo largo de su vida ha salido del closet dos veces con su familia. La primera vez fue a los 15 o 16 años, cuando les contó que era gay. Para calmar a su padre, le dijo: “papá, yo no quiero ser mujer. Yo soy hombre y me gustan los hombres”.

En septiembre de 2019 le comentó a su mamá su decisión de llevar a cabo su transición de género. Ella le respondió que le hubiera gustado haber estudiado más para poderla ayudar. El apoyo y el cariño estuvo presente, así como la preocupación por el contexto de violencia hacia las mujeres y hombres trans.

A su hermano le contó semanas después, y él, sorprendido, le recordó lo que le había dicho a su papá sobre “no querer ser mujer”. El contexto de violencia provocado por la transfobia era algo que toda la familia tenía muy presente. Durante este proceso se sumó otro tema más: la posibilidad de no volver a ver a su sobrino por el pensamiento conservador de su madre.

Sin embargo, cuando Láurel le comentó sobre su proceso, ella le aseguró que mientras el niño quisiera seguir viéndola, no había ningún problema de que se mantuvieran en contacto. A pesar de no saber mucho del tema y de tener una postura un poco cerrada a la ideología de género, el diálogo permitió llegar a un acuerdo.

En una ocasión, su mamá, su hermano y su sobrino la visitaron. “Hasta ese momento habíamos cuidado que él  no me viera de esta forma porque no sabíamos cómo abordar la situación”, platica Láurel. Pero en ese día, le dijo a su hermano que quería que su sobrino la viera como es. Ella cuenta que el niño simplemente se limitó a decir:

—Oye tío, ¿por qué te maquillaste?, ¿por qué te pintaste?

—Pues porque me dieron muchas ganas y me gusta verme así —respondió Láurel.

—Ah bueno, está bien.

Láurel inició su transición de género en 2019. Foto: Cortesía.

Cuando la periodista le comunicó a sus superiores en Milenio la decisión que había tomado, ellos le expresaron su apoyo. Le preguntaron cómo debían llamarla en las juntas y dentro de la empresa. A pesar del temor que tenía, su transición en el plano laboral se fue dando “como cuchillo en mantequilla”.

A veces se pregunta si la transición en su trabajo hubiera sido igual de sencilla cuando tenía 15 o 20 años: ¿Qué es lo que pasaría si hubiera tomado la decisión cuando era apenas una adolescente?, ¿qué es lo que pasa con todas y todos los que deciden hacer la transición a una edad temprana?

En ese momento, sólo le quedaba un pendiente por resolver. Tenía que empezar a buscar una plática que llevaba 15 años posponiendo para por fin cerrar un ciclo.

“Yo siempre voy a ser tu papá”

La relación tan complicada con su papá la obligó a no contarle sobre su transición. Él siempre se había mantenido al margen de sus vínculos sentimentales y sólo se preocupaba por su estado de salud. La orientación sexual de su hija —hasta ese momento— había sido un tema “enterrado”.

En una ocasión, durante el tiempo que estuvo viviendo con su familia, Láurel se encontró a su papá en la calle y él pasó de largo. Ella no sabe si no la reconoció o si simplemente no quiso saludarla. Ese mismo día, cuando ambos estuvieron en casa, se hablaron con normalidad y no se mencionó el asunto. Esta era la cotidianidad de su relación.

Poco a poco la periodista fue dejando que viera sus publicaciones en redes sociales; en ellas daba pistas sobre su transición. Después de un tiempo, llegó el momento de ir a visitarlo y confrontarlo. Pero al hacerlo, su papá tomó la palabra y le dijo que ya sabía de qué quería hablar.

“Tú siempre vas a ser mi hijo y pase lo que pase siempre te voy a querer. Yo ya he visto lo que subes a redes sociales y si te soy sincero todavía me pesa mucho lo que pueda decir la gente, pero también, con todo lo que hemos vivido de la pandemia, con la separación con tu mamá, pues también me he dado cuenta de que la gente no es la que me da de comer. Me importa más tu cariño, me importa más tu compañía. Yo siempre te voy a querer y te voy a apoyar”.

La frase “yo siempre voy a ser tu papá” salió de sus labios. Contrario a toda reacción que pudo haber pensado Láurel, su padre le dio su apoyo. Debido a la carga emocional del momento, ella se soltó a llorar, y mientras se abrazaban, desapareció de su mente el pensamiento que le decía que ya no podría volver a convivir con su familia entera.

Ser un buen “ajonjolí de todos los moles”

“Ahora yo digo que soy ajonjolí de todos los moles porque me gusta escribir, me gusta hacer SEO, me gusta dar clases, quiero aprender actuación, quiero seguir con mi canal de Youtube, quiero hacer activismo. No me importa que sean cosas diametralmente opuestas o si humana y físicamente me da para hacerlas; las voy a hacer”, comenta emocionada.

Antes, como la periodista que es, tenía la obsesión por escribir un libro o hacer “un super reportaje”, pero ahora cree que esas cosas surgen cuando uno se deja llevar por lo que le gusta. Ahora disfruta cosas tan simples como salir a caminar y observar a las personas en las calles.

Después de tanto ajetreo sólo quisiera tener una vejez tranquila, una última etapa en la cual poder descansar. A ella no le gustaría ser recordada por la historia como una reportera famosa o un referente del periodismo contemporáneo, pero sí le quisiera que su familia, sus seres queridos y las personas con las que compartió aula la tuvieran presente siempre.

Kapuscinki decía que “para ser periodista hay que ser buena persona ante todo” y así es como Láurel quiere ser recordada por su entorno más próximo. Una mujer generosa, empática, bondadosa y gentil. Más que como periodista, como buena persona.

Foto: @danchavezc

Autor: Voces de quimeras

Voces de quimeras es una revista digital y un portal dedicado a crear contenidos en torno a temas relacionados con las mujeres y los espacios construidos por ellas.

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