Lo que no se narra no existe: la mirada periférica de Sonia Madrigal

Texto: Mónica Cruz

Fotos: Sonia Madrigal

A Sonia siempre le gustó observar, ahora se da cuenta. Curiosa desde pequeña por las cualidades del transporte que abordaba con su madre para visitar a su familia, e intrigada por las pintas de aerosol en las paredes que alcanzaba a ver desde la ventana, el Nezahualcóyotl de los años 80 y 90 se abría paso ante la curiosa mirada de Sonia Carolina Madrigal Loyola, mirada que pronto sustentaría una carrera visual orientada por el detalle de lo cotidiano. 

Estudió una Licenciatura en Informática por la UNAM, cosa que marcó a su periodo universitario, y a toda su vida en general, con un ir y venir frecuente del Estado de México a la ciudad. Fue en esta experiencia de movilidad que se dio cuenta de sus deseos por retratar sus trayectos, pero también de los prejuicios que existían sobre quienes habitaban los municipios periféricos: “yo no decía que era de Neza para evitar que la gente me hiciera bromas sobre asaltos o actos violentos”, recuerda. Sin embargo, lejos de desanimarla, ese hecho despertó su curiosidad.

Darle vida a los Tiempos Muertos

Las ansias de capturar lo que ella veía en sus caminatas por el municipio y sus viajes diarios en los que transcurrían cuatro horas de su día, la llevaron, en 2009, a tomar clases de fotografía con el fotógrafo Mark Powell en el Faro de Oriente en Iztapalapa, en donde logró afinar su mirada curiosa y registrar en imágenes la movilidad no sólo suya sino la de miles de personas que, al igual que ella, provenían de los lugares periféricos de la ciudad y que también eran sujetos de estigmatización.

Así es como surge la serie fotográfica de largo aliento titulada Tiempos Muertos, que muestra los trayectos cotidianos de la población flotante, ese segmento que vive y se traslada entre dos territorios, en este caso el Estado y la Ciudad de México, y en los cuales se lee, se estudia, se come, se espera, se duerme o se hace otra actividad para pasar esos ratos que parecieran muertos, pero en los que Sonia Madrigal descubre la vitalidad de lo cotidiano.

De la serie “Tiempos Muertos”. Nezahualcóyotl, Estado de México, 2009

Ser mujer en la calle: un acto de resistencia

Salir con la cámara en mano no ha sido del todo fácil para Sonia, pues es a los hombres a quienes se les ha atribuido la fotografía de calle al ser los sujetos públicos por excelencia: “el que las mujeres estén en la calle, por ejemplo, esperando, se ve como sinónimo de disponibilidad. A los hombres no se les cuestiona eso, pueden estar ahí sin hacer nada mucho tiempo sin ser cuestionados”. Por ello para la fotógrafa, agarrar la cámara en la calle como mujer es un modo de resistencia.

Esta reflexión ha estado presente en su obra desde el inicio, sólo que de una manera inconsciente. Debido a su forma intuitiva de trabajar, no se dio cuenta de que retrataba frecuentemente a mujeres ocupando la calle hasta que hizo una revisión más profunda de su fotos. “Las mujeres hacen presencia en el espacio público y el hecho de que no se les haya permitido hacerlo, no significa que no lo hayan ocupado. Yo misma como mujer, estoy haciendo presencia en este espacio”, reafirma.

La muerte sale por el Oriente 

En 2015 se acercó a Irinea Buendia y a otros familiares de víctimas de feminicidio para hacer acompañamiento y participar en los actos de protesta y exigencia de justicia en Chimalhuacán y Nezahualcóyotl a los que convocaban. Se mantuvo apoyando en lo que pudo hasta que Irinea le expresó lo importante que sería para ella que sus actos de protesta se narraran, pues de otra forma sería como si no existiesen. Así que Sonia decidió tomar su cámara y comenzar a documentar.

De esta acción nace La muerte sale por el oriente, un proyecto sustentado en la fotografía documental, la intervención del espacio y el mapeo digital de casos de feminicidios en las periferias de la ciudad. “Es delicado decir ‘les estoy dando voz’ porque no es así, es nuestra voz acompañando y uniéndose a las voces de las demás”, desde ahí, dice la fotógrafa mexiquense, “hay que narrar nuestra experiencia como mujeres que habitan este territorio, dejando de lado las expresiones amarillistas que se hacen sobre nosotras”.

De la serie “La muerte sale por el Oriente” / Intervención. Valle de Chalco, Estado de México, 2015

Territorio, violencia y mujeres

En 2006 se enteró por primera vez de un caso de feminicidio en su municipio, se trataba de María Concepción Pérez Apolinio. A Sonia la dejó en shock. En ese tiempo ella creía que eso sólo pasaba en lugares marcados por la violencia como Ciudad Juárez, pero saber que esto sucedía también en donde vivía, le abrió los ojos ante la existencia de todo un historial detrás de estos casos que estaba relacionado con la construcción del territorio y sus imaginarios.

Sonia considera que, dado que vivimos en un mundo heteropatriarcal y capitalista, en todos los lugares existe la violencia hacia las mujeres; una violencia diversificada dependiendo del contexto pero que está presente en todos lados. Así que la cuestión está en que en todas partes hay violencia pero no en todas se visibiliza y tampoco en todas se cuenta desde la mirada de quienes viven ahí.

Por eso, cree que es relevante indagar en el surgimiento de los municipios y en la carga histórica que tienen: “una vez leí que las zonas periféricas eran vistas como barreras que atrapaban el polvo y otros males para impedir que llegaran a la ciudad; es necesario hacer genealogía a la par de ir entendiendo la conformación del espacio y sus imaginarios para ir adentrándote en la historia familiar, en la de tus ancestras; darte cuenta de que tu propio cuerpo va cargando la historia del territorio”.

De la serie “La muerte sale por el Oriente” / Foto documental. Chimalhuacán, Estado de México, 2017

La foto no lo es todo

Cuando descubrió que María Salguero estaba haciendo un mapeo digital de feminicidios en todo el territorio mexicano, Sonia quedó sorprendida y meditó acerca de la necesidad de utilizar otros medios para hablar de violencia de género. Llegó a la conclusión de que la imagen no lo podía expresar todo, tenía que ir contextualizada, acompañada de datos además de la compartición de conocimiento. Por esto último también ha incidido en la labor docente dando cursos de fotografía, mujeres y territorio.

Sonia no se considera fotógrafa de formación y eso le da más libertad para experimentar con otros formatos como lo hizo en La muerte sale por el Oriente. En ese aspecto se siente libre, pues indaga en qué quiere contar, cómo y averigua los medios para hacerlo. Esto ha sido, en parte, lo que la ha alejado del “fotocentrísmo” rechazando las nociones que otorgan a la fotografía una cualidad de supremacía y teniendo en cuenta que es parte de un todo para explorar y entender lo que se quiere.

Las reflexiones sobre la imagen, el territorio y, sobre todo, de su propia posición como habitante de la periferia y fotógrafa, la fueron conformando como una artista visual consciente de la estigmatización de su localidad, pero atenta ante las violencias que la azotaban, e hizo de las mujeres sujetos cada vez más centrales en sus trabajos.

Ecatepec, Estado de México, 2017

“Hay que aprender a no sentirnos mal con esta tarea que hacemos de narrar las violencias. Nos han quitado mucho, que no nos quiten la alegría de gozarnos. Al trabajar con mujeres sucede algo, nos encontramos y reconocemos en las otras. Hay que quitarnos esa idea que nos han enseñado de que las mujeres no son amigas, hay que hacer las paces con nuestras historias y compartir lo que sabemos”.

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