Las tres muertes de Marisela Escobedo: la reconstrucción de una mujer y su historia de lucha

Texto: Aranza Bustamante y Carolina Argueta

Fotos: Cortesía de Carlos Pérez Osorio

El próximo 16 de diciembre se cumplen diez años de la muerte de Marisela Escobedo, una mujer cuya historia dejó en claro lo que una madre está dispuesta a hacer para obtener justicia por el feminicidio de su hija. Luego de varios años su historia fue reconstruida, y ahora, en este 2020, llega a la plataforma de Netflix.

Las madres en la cultura mexicana no pasan desapercibidas. Su fuerza, su resistencia, su resiliencia y determinación son características innegables. Marisela Escobedo Ortiz es una madre que pasará a la historia gracias al recuerdo que se queda en sus hijos, en las personas que la conocieron y en la memoria colectiva. Ella se ha convertido en un referente en contra de la violencia de género y los feminicidios.

Las tres muertes de Marisela Escobedo es un documental que le hace honor, no sólo a su incansable lucha, sino que también deja entrever a la persona detrás de una mujer que se mostraba fuerte la mayoría del tiempo; es una pieza audiovisual de 109 minutos que ahonda en su vida, en la de sus hijos, en quién era antes de convertirse en este gran referente y en cómo se transformó luego del feminicidio de su hija, Rubí Frayre Escobedo.

Pero todo cambió un 16 de diciembre del 2010 cuando Marisela fue asesinada frente a la Fiscalía de la Ciudad de Chihuahua. Desde ese momento se dijo mucho de ella, de lo que hizo y de lo que significó, pero nunca antes se había recuperado en una sola pieza todo lo que hizo durante los dos años que dedicó en la investigación del caso de su hija. Precisamente eso es lo que logra esta propuesta documental.

Desde hace varios años Carlos Pérez Osorio, el director del audiovisual —originario de la Ciudad de México—, colabora con el Centro de Derechos Humanos de las mujeres en Chihuahua (CEDEHM). Este acercamiento le permitió conocer historias de varias madres que en ese momento estaban buscando a sus hijas desaparecidas y entender con mucha más profundidad los problemas a los que se enfrentan.

“De tanto acompañarlas en protestas y marchas, me di cuenta que yo necesitaba hacer algo desde mi trinchera, que es el documental, y cuando entendí bien la dimensión de la historia de Marisela Escobedo, me percaté de que ahí estaba la oportunidad de enganchar a una audiencia para poder comunicarle lo que yo sentía al ver eso (…) Yo sentía rabia, impotencia y no podía entender que por qué una persona tenía que pasar por ese dolor; quería que la gente se encabronara conmigo”, cuenta en entrevista con Voces de quimeras.

La admiración por todo el trabajo hecho en la CEDEHM y su interés en este caso, llevó a Carlos hace cuatro años a tener un acercamiento con Juan Manuel Frayre Escobedo, uno de los hijos de Marisela. Lo primero que hizo fue viajar a Estados Unidos, en donde él y su familia viven como refugiados, para plantearle su idea. Tras varias pláticas, aceptaron, y a partir de ese momento puso manos a la obra.

“Las decisiones se toman en conjunto”

Al principio, antes de que se supiera que el audiovisual sería financiado por Netflix, Carlos recuerda la inseguridad y el desánimo que sentía al pensar que nadie creería en la historia; aferrarse a ella, considerando sus experiencias previas de contacto con familias que habían pasado por sucesos similares, además de tener en cuenta en todo momento el gran poder e incidencia que los documentales tienen en la sociedad, es lo que le permitió continuar.

Luego de enterarse que la plataforma de streaming dio el sí para financiar el proyecto, lo primero que hizo fue viajar a Estados Unidos para comunicarle a la familia la noticia; esto era algo que, según Carlos, se tenía que hacer de frente: “cuando Netflix aceptó, fui a comentarles que esto podía cambiar las cosas, porque al final los primeros que estaban en riesgo eran ellos y había que tomar esas decisiones en conjunto”.

De la misma forma funcionó todo antes de que se estrenara el documental; decidió ir a Estados Unidos para que en conjunto lo vieran, opinaran y dijeran si estaban de acuerdo o no. Este proceso fue difícil para la familia y en especial para Juan Manuel, pero su fortaleza fue notoria en cada momento, pues aún después de casi 10 años de lo sucedido, sigue  exigiendo justicia por su madre.

Los retos de una producción de esta magnitud

Con Scopio y Vice Studios como productoras, y Netflix como distribuidora, se dio marcha a la realización que terminaría llamándose Las tres muertes de Marisela Escobedo. A pesar de que se había superado el reto de conseguir patrocinadores, no sería el único al que se enfrentarían. El sí ya estaba dado, ahora había que buscar una forma de contar la historia.

Los aspectos que más les resultaron complicados fueron: en primer lugar, conseguir entrevistas con más personas para tener esa polifonía que tanto buscaban; en segundo lugar, condensar en un largometraje lo que Marisela había hecho durante los dos años que se mantuvo activa en la búsqueda de justicia y, finalmente, considerar aún más los aspectos para enganchar a una audiencia tan grande como la de Netflix.

Sobre el primer reto, la labor se enfocó más que nada en la creación de vínculos. Algunas personas, por miedo a lo que pudiera pasar, al principio no querían hablar; el miedo seguía presente por las posibles consecuencias al señalar los fallos u omisiones del sistema de justicia mexicano, pues como dijo el propio Juan Manuel en el documental: “cuando empiezas a exponer las fallas del gobierno y del sistema y, sobre todo, el nexo entre el narco y gobierno, tu vida está en peligro”.

Carlos Pérez Osorio en el detrás de cámaras. Ciudad Juárez, Chihuahua.

El trabajo de convencimiento por parte de Carlos y su equipo tuvo presencia en estos primeros acercamientos. Luego de explicarles la importancia de dar a conocer aún más la historia de Marisela, la mayor parte de las personas dijo sí al proyecto; el director reconoce la valentía de cada una de ellas al acceder a dar su testimonio. La idea desde el principio fue darle espacio a la mayor cantidad de voces que estuvieron involucradas.

Pérez Osorio resalta la importancia de abordar este tipo de casos con mucho tacto y sensibilidad, ya que implica que las personas reabran heridas muy dolorosas: “a nadie le gusta que le monten una cámara la primera vez que lo conocen (…) hay que encontrar un lugar en el que la gente se sienta cómoda y acceder a condiciones que ponen las víctimas para dar su testimonio”.

La familia fue parte fundamental para reconstruir a Marisela como personaje; de no haber tenido su confianza, otra cosa hubiera sido. El archivo que le facilitaron a la producción fue de mucha ayuda: las fotos y videos, los diarios de Marisela y de Juan Manuel, las pláticas y entrevistas interminables antes de grabar las definitivas, todo eso fue material que implicó, sobre todo, tener un acercamiento e ir construyendo lazos.

A pesar de los esfuerzos por conjuntar la mayor cantidad de voces, el equipo se encontró con la negativa de fuentes muy importantes: tanto del ex fiscal Carlos Salas con quien Marisela conversó días antes de su asesinato, como de los jueces Catalina Ochoa Contreras y Juez Rafael Boudib, responsables de la exoneración de Sergio Rafael Barraza Bocanegra, asesino de Rubí. El tercer juez, Netzahualcóyotl Zúñiga, había fallecido en el año 2018. 

“Los jueces no quisieron entrevistas, los busqué mucho y me dejaron plantado. Tienen sus razones, pero me parece que fue un error de su parte porque pudieron salir a defenderse mejor y entender que no solamente ellos son responsables, sino que hay una cadena de responsabilidad mucho más larga de la cual todos tenemos que reflexionar”, expresa Pérez Osorio al respecto. Afortunadamente para el equipo, estas fueron las únicas entrevistas que no pudieron incluir.

Para resolver el segundo reto, la producción se apoyó mucho en el equipo de investigación, ya que el material con el que se encontraron era inmenso. Su labor estuvo dirigida sobre todo a la sistematización de datos, la realización de solicitudes de información, el contraste de fuentes, la revisión de expedientes, audiencias y diarios personales de la familia. De esto se encargó Karla Casillas, quien, junto a Alejandro Melgoza y Marco Antonio López, dedicó meses para evitar que nada se les fuera.

Seleccionar de entre tanto fue complicado. Carlos recuerda que el primer corte que se hizo duraba cinco horas, pero tenían que reducirlo aún más: “una de las cosas más difíciles fue condensar la historia de Marisela Escobedo; había tanta información porque esa mujer hizo tantas cosas increíbles en dos años. Teníamos que presentar una narrativa coherente y que no se saliera de tiempo”. 

Habitación dedicada a la investigación para el documental.

La idea de hacer una serie en vez de un largometraje fueron sólo apalabrados entre el director y la productora ejecutiva, Laura Woldenberg. Esta historia debía ser un largometraje porque desde el principio fue pensada de esta manera. A pesar de que muchas cosas no se incluyeron, la esencia del viaje y la lucha de Marisela, los absurdos del sistema de justicia, y el sentimiento de impunidad y desolación, se ven presentes en el producto final. 

El tercer reto consistió en enganchar a las audiencias con el tamaño y las características de Netflix, y fue resuelto en el montaje tomando en cuenta los primeros tres minutos para llamar la atención de quien lo viera. La clave para lograrlo fue presentar a Marisela y hacer que los espectadores asociaran su voz y su rostro porque lo que se vería sobre ella como personaje, sería reconstruido con material de archivo y entrevistas.

La música, parte fundamental para fortalecer el mensaje

Carlos reconoce el trabajo de todas las personas involucradas en este proyecto. La dirección de fotografía estuvo a cargo de Axel Pedraza mientras que la composición musical fue parte del trabajo de Amado López. ¿Y qué es lo que se quería comunicar con esta última? La fuerza, la resistencia de Marisela, el gran amor que ella le tenía a su hija y por el cual se mantuvo de pie luchando.

Caminaré por todos los rincones de este mundo
Te buscaré
Quiero llegar a ti, quiero encontrarte
Mi corazón, te extraño tanto
Nunca te olvido

Luz es una de las dos piezas principales que acompañan al audiovisual. La canción, fue escrita e interpretada por Marisol Hernández —La Santa Cecilia—, cuya voz enternece y llena de emoción a todo aquel que la escucha. Pérez Osorio había trabajado anteriormente con la artista, por eso para él fue un placer incluirla en el proyecto.

Canción sin miedo es la composición con la que cierra Las tres muertes de Marisela Escobedo. Conocida por muchos y muchas desde el mes de marzo cuando fue presentada por primera vez e interpretada por Vivir Quintana, Mon Laferte y El Palomar, en ella, las voces de todas se mezclan y generan una atmósfera de fuerza y coraje; la letra representa un grito de justicia por las mujeres violentadas.

El poder del documental 

Durante toda su trayectoria, Carlos Pérez Osorio se ha interesado en temas de violencia y derechos humanos. Explica que desde joven los documentales lo han hecho sentir conectado con sí mismo y con el mundo: “yo creo que el documental no sólo es un vehículo para conectar realidades, también es un trabajo que te hace crecer al confrontarte con tu propia realidad y la de los demás”.

Él concluye diciendo que su objetivo con este documental no es imponer una opinión ni decir quién hizo bien o mal, más bien, es contar una historia real en la que el público sea el juez de lo que sucedió. El caso de Marisela Escobedo, a diez años de distancia, sigue sin esclarecerse, pero este trabajo no sólo lo recuerda, sino que lo vuelve a poner dentro del debate social y político.

Autor: Voces de quimeras

Voces de quimeras es una revista digital y un portal dedicado a crear contenidos en torno a temas relacionados con las mujeres y los espacios construidos por ellas.

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