La lucha feminista de Vivir Quintana a través de la música

Texto: Mónica Cruz y Aranza Bustamante

Foto: Christian Lomelí

Su gusto por la palabra desencadenó su encanto por la poesía, lo que dio paso a un amor inmenso por la música. Gracias a la melomanía de su padre y a la declamación de su madre, a Viviana Quintana se le encendió dentro de sí la chispa de la pasión por lo que hace.

Viviana Montserrat Quintana Rodríguez es cantautora, compositora, profesora normalista de español y activista originaria de Francisco I. Madero, Coahuila, un pequeño pueblo a las afueras de Torreón, de donde salió para irse a estudiar música en Saltillo. Pasó por la Escuela Superior de Música, la Normal Superior y posteriormente por la Sociedad de Autores y Compositores de México, en donde estudió dos años de composición popular.

Su madre, profesora jubilada y una de las personas que más inspiró la línea artística que ella sigue, hizo que comenzara a interesarse por la declamación poética, tanto, que muchos viernes de su infancia se quedó despierta hasta tarde sólo para escuchar a mamá recitar algunos versos clásicos que disfrutaba como nada.

Torres y montañas de cajas repletas de discos repetidos invaden aún la casa en donde habría de tener su primer contacto con el arte de la canción. Lola Beltrán, Mercedes Sosa y Joaquín Sabina eran algunos ritmos que invadió todos los fines de semana aquel sitio familiar; los ritmos infantiles y también los tropicales no podían hacer falta.

El inicio de todo

Viviana descubrió que podía cantar a los 12 años. Recuerda que más o menos a esa edad quiso interpretar Paloma Negra de Tomás Méndez, pero su mamá se lo impidió porque aún no podía transmitir todo lo que conllevaba ese tema. Eso la intrigaba demasiado y despertó en ella un gran interés por descifrar aquello que las canciones pretenden comunicar a quienes las escuchan.

Trabajó como cantante en bares de Saltillo interpretando canciones de grandes artistas latinoamericanos y, a pesar de que ya tuviera temas de su autoría, prefería guardárselos para ella y cantar covers, pues frases como “te vas a morir de hambre si te dedicas a eso”, que escuchaba muy seguido, la hacían sentir muy insegura respecto a lo que quería:

“Creo que eso entra en tu interior, se instala y de repente echa raíces y a veces esas raíces amarran tu talento, no lo dejan florecer. Nos tomamos muy a pecho aquellas creencias de que no podemos vivir del arte, de ahí viene la inseguridad. Entonces yo decía ‘no voy a mostrar mi trabajo, ¿para qué? Si no voy a poder vivir de ello’”, cuenta.

Fue hasta hace diez años, por la impertinencia de una amiga que le gritó en pleno número “¡Canta tus canciones!”, que comenzó a confiar más en sus propias composiciones. Con ese acercamiento paulatino, temeroso, pero valiente, decidió emprender su carrera como Vivir Quintana y autodenominarse cantautora y compositora.

Tinta negra y hojas sueltas

Admitir que hacer música es, primordialmente, por y para ella misma, no es un problema para Vivir, pues considera que es algo que muchas personas que se dedican a la música experimentan en algún momento. Componer para una y posteriormente tener las ansias de ser vista, escuchada, aplaudida no tiene por qué ser negado ni visto como algo malo.

Así que el primer objetivo de la cantante norteña es entenderse, descubrir por medio del arte cuánto puede sentir y cuánto puede hacer para después compartirlo con el resto del mundo. La finalidad es lograr, a través de la canción, su reestructuración; componerse e inventarse para después trascender a la conciencia de los demás.

Sin embargo, ese deseo de ser escuchados en muchas ocasiones lleva a muchos músicos a mantenerse en un constante estado de presión a causa de la prisa por producir sencillos de manera rápida. A Vivir le gusta ser más orgánica, más libre de tomarse su tiempo para experimentar lo que tenga, que trabajar con cada idea que le llegue a la mente.

El Ranchero Azul

Vivir Quintana hace Ranchero Azul. Esta es una idea que sostiene en todas partes. No considera que esté reivindicando el ranchero, sino que está otorgándole a la música regional o folk, sentidos muy diferentes a los tradicionales. Intenta despegarse de las letras misóginas de amor romántico arrebatado y posesivo que tanto tiempo ha prevalecido en este género musical.

Ella reformula el ranchero y la música regional, y ocupa esas mismas armonías y melodías, pero intenta que las letras adquieran un sentido más cálido, más libertario, más sano. El Azul para Vivir es una forma de nombrar a ese distanciamiento con el “palomerío” nostálgico y desolador que alguna vez su madre le negó interpretar.

La cantautora coahuilense toma con calma, pero también con compromiso, el proceso por el cual crea sus canciones. Primero estudia y se empacha con información sobre el tema que quiere tratar, luego hace un silencio mental debido a que asegura que la creatividad no está dentro de una, sino que es algo que se trabaja de manera constante para atrapar las ideas sueltas que están afuera flotando.

Ella tiene la manía de utilizar sólo pluma negra de gel, y la repulsión por componer en tablets o en la computadora por ser bastante incómodo. Le cuesta trabajo sentarse a escribir, pero cuando lo logra no existe alma que la pare; puede durar horas escribiendo borradores en hojas sueltas que después selecciona y coloca organizadamente en una carpeta especial.

Borradores de algunas de sus canciones. Foto: Cortesía de Vivir Quintana.

Las mujeres: una fuente de admiración e inspiración

Al preguntarle a Vivir Quintana sobre las mujeres que admira, ella asegura que nunca terminaría de nombrar a cada una. Desde hace mucho tiempo, las mujeres para ella han sido por sí mismas una fuente de admiración: “yo admiro a la mujer por todo lo que representa y por todo lo que hemos representado durante la historia de la humanidad, porque hemos sido muy aguerridas a pesar de ser lastimadas, sesgadas y olvidadas. Las mujeres tenemos una fuerza interior muy potente”.

Sin embargo, menciona a algunas, y casi todas ellas, son mujeres con las que ha tenido la oportunidad de convivir. En primer lugar, están las mujeres de un colectivo llamado Energía Nuclear: mujeres en la música del que también forma parte: “a ellas las admiro bastante por esta iniciativa de la independencia; en primer lugar por ser mujeres, luego por ser mujeres independientes, y luego por ser mujeres en la música independiente”.

Vivir también admira a algunas escritoras: “ayer, por ejemplo, me llegó un libro de Gabriela Jáuregui que se llama Tsunami que es una recopilación de textos de varias escritoras, entonces admiro a cada una de ellas que se atreven a hablar de estos temas de disidencia, de estos temas revolucionarios, de estas olas feministas que están pasando”.

Además, respeta mucho a las luchadoras sociales y a esas mujeres que ponen el cuerpo para ayudar a otras; a las madres que no se rinden en la búsqueda de justicia por los feminicidios y desapariciones de sus hijas. Vivir también expresa su admiración por las mujeres que en este momento mantienen la toma de la CNDH ahora Okupa, Casa de Refugio en la Ciudad de México.

El feminismo de Vivir

El feminismo llegó a la vida de Vivir por sus amigas, con ellas observaba y discutía lo que pasaba a su alrededor y gracias a ellas indagó por primera vez en las reflexiones sobre el machismo, hasta darse cuenta de que “algo tenía de feminista”. Tanto ella como sus amigas se encontraban en ese despertar de consciencia sororo y empático con aquellas mujeres que ya se fueron, con las que están y con las que vienen.

Además, se dieron cuenta de que ellas mismas tenían historias, por más pequeñas que fueran, de violencia física, psicológica, emocional y hasta intentos de feminicidio; o se trataba de ellas mismas, de una amiga, de una familiar o de una conocida. Esto las impulso aún más a hablar del tema y a romper la cultura del silencio y el olvido en la que habían crecido.

Finalmente, su madre: una mujer independiente de 60 años, estudiante de guitarra con un gran gusto por viajar y siempre preocupada en sus años de actividad docente por los alumnos en riesgo de desertar: “siempre tuvo un pensamiento feminista, pero no se dio cuenta hasta hace poco tiempo”.

Canción sin miedo y la influencia del arte en la sociedad

Cantamos sin miedo, pedimos justicia
Gritamos por cada desaparecida
Que resuene fuerte: ¡Nos queremos vivas!
Que caiga con fuerza el feminicida

Vivir está convencida de que la música puede cambiar rumbos. Existen cantautores que lo han demostrado a lo largo de la historia. Mercedes Sosa y Víctor Jara, por ejemplo, han revolucionado mentalidades, estructuras que parecían inamovibles. Por su parte Juan Gabriel “enseñó a ver un hombre distinto parado en el escenario”, explica Vivir.

“Creo que la música puede cambiar personas, consciencias. Estoy completamente segura. Yo realmente trato de que sea así (…) Tener esa responsabilidad con los receptores es súper importante, por eso siempre recalco que los artistas tenemos una responsabilidad en el mensaje, de cómo lo damos y a quién se lo damos”.

La cantautora se dio a conocer nacional e internacionalmente con el tema Canción sin miedo, mismo que surge a raíz del contacto con la cantante chilena Mon Laferte. Ella fue quien impulsó a Vivir para que escribiera una canción sobre feminicidios para presentarla en dueto en el Zócalo de la Ciudad de México.

“Realmente yo siento que esta canción fue dictada por muchas mujeres. Es un sentimiento de furia que tenemos; de este enojo, pero también de esta alegría de sabernos juntas, de marchar juntas, de salir a la calle juntas y también esta sed de libre tránsito, de no tener miedo, porque la libertad no es libertad si tienes miedo”.

Pensando en el empoderamiento femenino, Vivir escribió la canción y vio el gran recibimiento de la gente con asombro. Ella sabía que era un tema poderoso, pero no pensó que el problema del feminicidio fuera tan grande como para que conectara con tantas personas en México y en toda América Latina.

“Yo hago el recibimiento con alegría, pero también con un dolor muy profundo. Sí, me encanta ver todas estas réplicas, pero adentro de éstas hay dolor también (…) Ojalá que esta sea una canción de esas que hacen que cambie un poco la consciencia. Y yo creo que sí, si ya logró que una o dos chicas salieran a marchar por esa canción, estamos haciendo algo”.

Las mujeres que mantienen la toma de la Okupa, Casa de Refugio, la invitaron a cantar el tema en la celebración de la Antigrita Feminista el 14 de septiembre de este año. Vivir recuerda esta experiencia con emoción, pero con un nudo y dolor muy fuerte porque estaba consciente de que todos esos gritos unidos a la canción y las letras, eran porque estaban viviendo momentos difíciles, aunque al final reconoce: “fue lindo ver a las chicas muy organizadas, muy amorosas, llenas de estas ganas de cambio; fue muy poderoso”.

Querida Rosita Alvirez, maté a Hipólito

El día que la mataron, Rosita estaba de suerte
De tres tiros que le dieron, nomás uno era de muerte
Nomás uno era de muerte
La casa era colorada y estaba recién pintada
Con la sangre de Rosita le dieron otra pasada
Le dieron otra pasada

Canción sin miedo no es su único tema que trata temas de violencia contra las mujeres. Ella tiene también un proyecto de corridos mexicanos contados en primera persona que retoma historias de mujeres privadas de su libertad física por haber matado o lastimado a su agresor.

El proyecto se titula Querida Rosita Alvirez, maté a Hipólito haciendo referencia a un corrido muy famoso en Coahuila que en realidad versa sobre un feminicidio. Dentro de la canción Hipólito es el que mata a Rosita Alvirez, así que el nombre, es como decirle a ella: “Rosita, yo sí maté a mi agresor, me defendí por ti”.

Vivir lamenta que esta sea la situación de muchas mujeres en México. Por defenderse muchas de ellas están encarceladas y esta es la forma en que la cantautora visibiliza los casos: “es un llamado a reestructurar el sistema judicial que está lleno de huecos, para que así pueda haber justicia y una mejor ubicación de realmente cómo está el problema”.

De música y Covid-19

En estos momentos Vivir depende de la música, vive de ella, por eso la pandemia por Covid-19 que azota al mundo le afectó tanto económica como emocionalmente, pues por ahora no genera ingresos de conciertos ni puede ser tan cercana al público como acostumbra.

La emergencia sanitaria hizo que volteara a ver lo complicada que está siendo la vida en confinamiento. La situación la inspiró y terminó escribiendo un tema titulado Llamada de emergencia que habla sobre la violencia que ha tenido lugar durante la pandemia. Es una colaboración con un grupo holandés llamado Snowapple, con músicas mexicanas y con el coro el Palomar que está próximo a estrenarse.

Para Vivir Quintana, las mujeres siempre han sido una fuente de inspiración y admiración. Desde el momento en que el feminismo llegó a su vida, éste revolucionó su manera de ver la música, y ahora, además de ser su medio de expresión, es una herramienta a través de la cual crea consciencia social sobre las situaciones que las mujeres viven día con día.

Autor: Voces de Quimeras

Voces de Quimeras es una revista digital y un portal dedicado a crear contenidos en torno a temas relacionados con las mujeres y los espacios construidos por ellas.

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