El Convite: un ejemplo de innovación y reinvención durante la pandemia

Texto y fotos: Aranza Bustamante y Carolina Argueta

En la colonia Portales Sur desde hace 24 años abrió sus puertas El Convite. Fundado por los hermanos Aguilar Cortés, este espacio además de ofrecer platillos enraizados en la “tradición del porvenir” mediante el rescate de recetas familiares, también es un punto de encuentro para el arte y el intercambio cultural. Hoy, bajo el contexto de emergencia sanitaria, El Convite ha tenido que adaptarse innovando y reinventando la forma en que ofrece sus servicios al público.

Para los hermanos, la decisión de cerrar las puertas de El Convite no fue sencilla. Tres semanas fue el tiempo en que el establecimiento se vio forzado a suspender actividad, momento que sirvió para que pudieran reflexionar sobre las opciones que tendrían. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que la clave fundamental para superar una crisis como esta es la creatividad, el trabajo colaborativo y la capacidad para transformar los posibles fracasos en oportunidades.

Las crisis, una constante

No es la primera vez que El Convite se enfrenta a las crisis, es más, la propia idea de abrir un café-fonda, fue el resultado de una. Fundado en 1996 por los hermanos Aguilar Cortés —Edgardo, Alberto y Celina— el espacio surgió en medio de una crisis económica con el objetivo de iniciar una aventura gastronómica, y a pesar de que ninguno de los tres tenía idea sobre lo que era atender un espacio de este tipo, nada de eso los detuvo.

Pronto sus gustos e intereses incidieron en su nuevo espacio de trabajo. La música, en especial el jazz, es uno de los aspectos que más caracteriza a El Convite; podría decirse que forma parte de su identidad. Para los hermanos, las artes y la cultura son muy importantes y no es para menos: Edgardo es artista visual, Alberto es chef y diseñador gráfico, y Celina, además de ser la encargada de la administración y coordinación de las actividades, estudió Literatura Dramática y Teatro.

El jazz es algo de lo que más caracteriza a El Convite.
El lugar es un punto de encuentro para el arte y la cultura. Fotos: Carolina Argueta.

La idea de compartir está inserta en el propio nombre: Convite, del catalán convit, es la acción y el resultado de convidar, algo que los hermanos querían hacer desde un principio; convidar no sólo sus recetas a través de la comida que ofrecen, sino también convidar conocimientos, convidar arte y convidar cultura.

Tiempo después los tres socios se convirtieron en cuatro, debido a otra de las crisis por la que pasaron. La señora Laura Cortés es la encargada de la pastelería que surgió a partir de la fonda (ésta también puede encontrarse en la colonia Portales Sur). Así es como El Convite: Fonda y Café – Pastelería Artesanal, se conforman como un negocio familiar y un proyecto colaborativo.

La pandemia, una oportunidad para mantenerse en pie

Antes de la emergencia sanitaria por Covid-19 dentro de El Convite se desarrollaban diversas actividades culturales. Era el punto de reunión para escritores, músicos, filósofos, comunicólogos, historiadores, sociólogos y teatreros, quienes periódicamente eran invitados a conversar acerca de varios temas.

La música en vivo era algo que tampoco podía faltar, sobre todo el jazz a la hora de la comida. Los hermanos siempre han tenido la idea de dejar de encasillar a ese género musical con cierto tipo de público, es por eso que su propuesta buscaba acercarlo a más personas. Las exposiciones de pintura, cerámica y fotografía, las presentaciones de libros y discos, las charlas, los cuentacuentos; todas esas son actividades que tuvieron que ser suspendidas a partir de que se declaró la emergencia sanitaria.

Ante esta situación, el servicio a domicilio se convirtió en su única opción. Sin embargo, los hermanos decidieron cerrar durante tres semanas con la convicción de que regresarían pronto con ideas que les permitieran mantenerse de pie. A pesar de que Celina, Alberto y Edgardo se dedican a otras actividades fuera de El Convite, la mayor fuente ingresos tanto para ellos como para el personal que contratan, proviene de lo que obtienen de su negocio: 

“No nos quedaba de otra, o sobrevivimos o sobrevivimos (…) sí nos angustiamos, nos preguntábamos qué íbamos a hacer si no había pedidos. Yo creo que el chiste es verle el lado bueno, reinventarse y buscarle por donde sea”, dice Celina al respecto.

El tiempo que se mantuvieron sin actividad en la fonda-café y la pastelería, sirvió para que se dieran cuenta de que el trabajo colaborativo era la clave para salir -de nuevo- de una crisis de este tipo. Fue así como comenzaron a ofrecer distintas promociones y a establecer medidas de seguridad sanitaria más rigurosas. Los conversatorios, por otra parte, comenzaron a hacerse a través de plataformas digitales.

Ya desde antes los hermanos se habían anticipado a lo que vendría, un ejemplo de ello son los menús QR que diseñó Edgardo desde el mes de marzo: “Claro que de repente la gente no entendía porque no estábamos acostumbrados, ya después de que se abrieron los restaurantes se volvió más común, pero nosotros ya lo veníamos manejando”, recuerda Celina.

A través del código QR pueden visualizarse los menús.
Los trabajadores ahora portan equipo de protección contra el Covid-19.
A partir de la pandemia se implementaron diversas medidas para evitar contagios. Fotos: Aranza Bustamante.

Sobre el tema de la música y la manera en que se adaptó a este contexto, decidieron implementar un interesante concepto: el jazz sobre ruedas. Como resultado de una reflexión colectiva de una de las mesas virtuales, a Celina se le ocurrió que los músicos retomaran una vieja práctica: tocar en la calle, específicamente montados en una camioneta pick up.

La intención de ella con esta idea, de nuevo, era acercar el jazz a nuevos públicos y el objetivo se cumplió: a todos les encantó. Los sábados de agosto y septiembre que se estuvieron presentando, las personas quedaban maravilladas al escuchar jazz sobre ruedas. Esta experiencia fue nueva no sólo para el público, sino también para los músicos, quienes antes de la pandemia, estaban acostumbrados a tocar en foros.

Las lecciones de la pandemia

La emergencia sanitaria por Covid-19 puso a prueba algo que la familia Aguilar Cortés llevaba practicando desde hace años: el trabajo colaborativo. Si bien, para algunos negocios la pandemia significó una crisis de la cual no pudieron salir -ya que cada situación es distinta- para El Convite significó una oportunidad para reinventarse, proponer soluciones creativas y salir adelante. 

Celina considera que esto no sólo fue gracias a ellos, sino que resaltó la importancia de las personas que los han acompañado durante estos meses: sus clientes y sus amigos. Sin su lealdad, solidaridad, empatía y sensibilidad, no habrían podido superar esta situación. Ella, al igual que sus hermanos, está agradecida por su apoyo, por todo lo que significó para el negocio de su familia.

Autor: Voces de quimeras

Voces de quimeras es una revista digital y un portal dedicado a crear contenidos en torno a temas relacionados con las mujeres y los espacios construidos por ellas.

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