Vivir con sospecha de Covid: la intimidad de la incertidumbre

Texto y fotos: Luz Cecilia Andrade

La situación sanitaria actual no ha resultado sencilla en términos anímicos. La constante angustia y zozobra que viven varios día con día, aumenta cuando uno de los integrantes de la familia se convierte en sospechoso de Covid-19 por presentar síntomas o haber tenido contacto con un infectado.  

Empatizar a través de las historias de aquellos que vivieron la preocupación en familia de  tener un posible caso de Covid- 19 nos importa, por ello, en Voces de quimeras nos dimos a la tarea de contar cómo se vivió el encierro de la familia Andrade cuando un integrante de ésta fue considerado como sospechoso de Covid-19.

La sospecha

Luz María es enfermera desde hace más de diez años en el área quirúrgica del hospital en que trabaja. A mediados de mayo, a ella y sus tres compañeras les informaron que la cuarta integrante del equipo había tenido un resultado positivo en su prueba de Covid- 19. Al conocer esa noticia, Luz supo de inmediato que ella y sus compañeras eran casos sospechosos de Covid.

“Cuando nos dieron la noticia me asusté mucho, porque pensé en mi familia: mis hijas y mi esposo, porque ellos se han guardado y cuidado mucho y no se me hacía justo que yo fuera la responsable en llevarles el virus”, comenta Luz sentada en su sillón con rostro reflexivo y manos ansiosas.

Luz María dice que días antes de informarles sobre su compañera, ella sentía algunos malestares como el dolor de garganta y tos: “Yo eso se lo achacaba a que a lo mejor me había destapado una noche antes y pues esa era la causa, pero ya cuando nos dijeron que ella había salido positivo yo dije: yo creo que ya tengo los síntomas”.

Ese mismo día ella junto a sus compañeras fueron al área de epidemiología para realizarse un hisopado. El resultado de la prueba se daría al día siguiente o algún otro de la semana. Hasta entonces, Luz comenta que la mandaron a casa esa misma tarde para descansar durante 14 días en los que estaría en observación y aislamiento con su familia.

La noticia

Cuando Diana y José Luis –hija y esposo de Luz María-, recibieron su llamada para informarles sobre lo ocurrido, les produjo -en palabras de ellos- una sensación de angustia, zozobra y un sentimiento de incredulidad. “Sabía que era algo latente, pero no creí que realmente sucediera”, comenta Diana. Esperar los resultados de la prueba fue uno de los momentos más estresantes.

Los 14 días

Afortunadamente para la familia Andrade, a Luz María le dieron los resultados al día siguiente con un diagnostico negativo, sin embargo, José Luis y Diana sabían que era importante para ella permanecer alejada de todos por seguridad y para evitar posibles contagios en caso de presentar síntomas en esos 14 días.

Las medidas de seguridad  dentro de la casa, de acuerdo con la familia, antes de saber la noticia, eran las que el gobierno de la Ciudad de México a través de la Secretaría de Salud Pública implementaron: el uso de cubrebocas antes de salir de casa, llevar consigo gel antibacterial, lavar las manos por lo menos durante 20 segundos, hacer un cambio de zapatos al entrar y salir, así como preparar una solución con cloro para poner dinero, llaves y cualquier otro accesorio.  Después de la llamada de Luz María las medidas aumentaron.

Pertenencias de Luz María.

Para Diana el esfuerzo que hacía su madre era doble porque todo lo tenía que hacer sola. “Yo en lo personal hacía el aseo de mi cuarto, el aseo del baño. Me encargaba de lavar mi ropa y también de mi loza; yo no permitía que nadie lo tocara o entrara porque yo sentía que a lo mejor, no sé, se iban a contagiar, entonces yo extremaba más las medidas de higiene”, comenta Luz María subiendo los ojos al cielo al recordar lo que hacía esos días.

Durante esos 14 días el sentimiento de tristeza se sentían a un metro y medio de distancia, cuando Luz María comía y platicaba con su familia. Desde la lejanía se despedía para ir a dormir y los abrazos se detenían a la mitad del acto porque el recuerdo de “la sana distancia” llegaba a sus mentes. Escuchar lo que decía a través de su cubrebocas a veces era complicado y mirar las películas en familia no era lo mismo, faltaba la presencia de Luz María.

“La familia muégano” como dice Luz María, llena de apapachos, arrumacos y besos resintió su lejanía, porque estaba con ellos pero al mismo tiempo no: “Mi esposo y yo rara vez llegamos a dormir separados, entonces sí dije: catorce días, se me va a hacer eterno”.

José Luis, triste por momentos al no poder besar a su esposa y abrazarla, esperaba estresado a que terminara su tiempo de aislamiento. “La tengo cerquita pero no la puedo besar, no la puedo abrazar y pues creo que esa parte fue la más difícil.”

Cada día un doctor de epidemiología hacía una llamada al teléfono particular de Luz María para conocer sus síntomas y monitorear su proceso. “Diario me hablaban para saber cómo me encontraba. Afortunadamente nunca tuve fiebre y sólo hubo un día que tuve malestar general, pero después desapareció. Y ya después de terminar esos catorce días me hablaron y me dijeron que ya estaba lista para reanudar nuevamente mis actividades laborales”.

Espacio en que Luz María estuvo durante los 14 días.

El regreso al trabajo: apertura a la reflexión

Cuando Luz María fue autorizada por los médicos para regresar al trabajo y rutina familiar habitual, comenta que el recibimiento por parte de sus compañeras de trabajo fue positivo. Con felicitaciones y buenos deseos para ella, su semana laboral dio inicio una vez más.

Para Diana y José Luis el regreso de su madre y esposa al hospital representó por un lado alivio, porque significaba que se encontraba sana, pero por el otro generó angustia: “Ella no puede evitar tener contacto con otras personas y hay pacientes que no se cuidan del todo”, comenta Diana, juntando sus manos. “Confío mucho en Dios en que no le vaya a pasar nada. Me sigue preocupando pero que al final de cuentas es su trabajo y lo tiene que hacer, ¿no?”, concluye José Luis.

Después de esta experiencia, Luz María comenta que su cuidado tiene que ser constante y más riguroso al formar parte del personal médico. “Todo el personal entra con cubrebocas. Desde que yo salgo de la casa me pongo mi cubrebocas, en el hospital lo cambio y cuando entro al área quirúrgica me pongo otro aparte de la careta, haya o no haya pacientes”.

Luz María reflexiona en torno al panorama sanitario general que presenta  México y comenta que en un principio el tema del coronavirus no tuvo la relevancia que debió tener: “Yo creo que el secretario de salud debió de ver la magnitud del problema que se nos venía encima, porque creo que todo esto se pudo haber prevenido haciendo un buen plan y teniendo estrategias”.

Ella, desde su trichera, asume su papel como “el pilar del cuidado del paciente en cualquier etapa de su vida”. Asume que las enfermeras, enfermeros y médicos son “todo un equipo multidisciplinario” con el objetivo de cuidar al paciente, sin embargo, a consideración suya, el personal médico no puede hacer más si el gobierno no les provee las herramientas para poder hacer frente a este virus.

“Yo considero que las enfermeras tienen la camiseta, las ganas y la actitud de servicio, pero también sería bueno que el gobierno nos proporcionara las herramientas para salir aún más adelante y  proveernos con lo necesario para atender a estos pacientes”, concluye con mirada tranquila.

Autor: Cecilia Andrade

Me descubro y descubro a través la fotografía por ser forma y fondo cuando la lengua no alcanza.

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